Paseando por esas ramblas de Barcelona, en las que exhibías esa preciosa sonrisa tuya. Hacíamos de esas calles un mundo lleno de risas, risas y más risas. Mataba por esa sonrisa, juré mantener esa sonrisa hasta que me quedase oxígeno en mis pulmones y creí hacerlo bien. Porque esa sonrisa, chicos, era la respuesta a todas las dudas que tenía en mi mente.
¿El amor de mi vida? ¡Pues claro qué no! Yo ya sabía que lo nuestro no iba a durar toda la eternidad, yo ya sabía que me soltaría algún día de la mano, yo ya sabía, desgraciadamente, que algún día esa sonrisa se iba a apagar...¿Pero acaso soy extraño, al desear qué ese día nunca llegara?
De las miles y miles historias que podría contar de nosotros, posiblemente las mejores son las que aún no están escritas. Y esta noche, al ver nuestros cuerpos separados, al no verte conmigo y al saber que nunca más voy a verte, inspiro profundamente y me tumbo para contemplar las estrellas. Curioso, que después de todo el tiempo que no te veo, después de tantas palabras cruzadas que nos hemos dicho, solo te pueda recordar con una sonrisa en mi cara. Y aún seguirás viviendo en mí, ¡por supuesto! Por muy solitario que suene, en mi mente siempre se quedará grabado cada beso tuyo. Y aquí, en esta noche estrellada, qué más quisiera que tu mano cogiese la mía y nos pusiéramos a contemplar las estrellas.
Penar que...Pensar que ya no te voy a tener a mi lado, ni en esta noche, ni en todas las noches estrelladas... Tal vez sea mi castigo por haberte querido tanto, por no haber deseado otra cosa que no haya sido que esa sonrisa, solo me perteneciera a mí.
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